La vida en el exilio: qué pueden esperar las futbolistas iraníes que desertaron
Shiva Amini asegura que la vida de los atletas iraníes puede cambiar en un instante.
Amini fue jugadora de la selección nacional de fútbol sala de Irán hasta 2017, cuando fue fotografiada jugando fútbol de manera casual con algunos amigos hombres en Suiza, algo que, según le dijeron, era un delito para el régimen gobernante de Irán. Tampoco llevaba puesto el hiyab obligatorio, lo que constituía otra falta. Rápidamente entendió que sería demasiado peligroso regresar a casa y que nada volvería a ser igual.
“Lo perdí todo: mi familia, mi seguridad, mi hogar, incluso mi perro”, dijo a CNN Sports. Amini aún tiene dinero en una cuenta bancaria en Irán al que no puede acceder. “Estás en un país nuevo, con gente nueva, con una cultura nueva, con un idioma nuevo, y tienes que empezar desde cero”.
Esa es ahora la situación que enfrentan algunas de las actuales futbolistas iraníes, tras solicitar asilo durante la Copa Asiática en Australia. Siete jugadores pidieron inicialmente asilo en Australia, pero cinco retiraron sus solicitudes durante el fin de semana.
“Puedo entender exactamente por lo que están pasando porque yo estuve en su lugar”, dijo.
La situación del equipo comenzó cuando jugaron contra Corea del Sur en Gold Coast, dos días después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán. Las jugadoras decidieron no cantar el himno nacional antes del partido. Tras ser señaladas como traidoras en Irán y luego de informes de que algunos de sus familiares habían sido amenazados, las futbolistas sí cantaron el himno en sus otros dos encuentros. Cuando terminó el torneo, algunas solicitaron asilo en Australia, mientras que la mayoría de la plantilla regresó a casa.
Cualquiera que haya sido la decisión de esas jugadoras, su futuro ahora es muy incierto. En momentos así, dice Amini, el régimen enfrenta a las atletas a una decisión casi imposible.
“Tienes que pensar en tu libertad o en tu familia”, explicó. Añadió que el régimen estaba tan desesperado por que todas las jugadoras regresaran que incluso ofreció dinero a cambio de su cumplimiento.
Amini afirma que ha estado en contacto con algunas de las jugadoras en distintas etapas de su situación. Algunas le enviaron mensajes para decirle que no podían comunicarse porque estaban bajo el control de sus supervisores durante el viaje, y borraban rápidamente los textos después de enviarlos. Otras admitieron que “se paralizaron” al intentar decidir su futuro, enfrentando la magnitud de esa decisión.
“Lloré cuando dijeron: ‘Sí, queremos quedarnos’. Yo gritaba: ‘¡Tienen que quedarse, por favor!’”, recordó. “Al mismo tiempo, me sentía culpable si algo le pasaba a sus familias. Es muy complicado, es muy duro”.
Quienes regresan ni siquiera saben si sus familias están a salvo o con vida, ya que el Gobierno ha restringido el acceso a internet en Irán.
Han pasado casi 10 años desde que Amini se vio obligada a comenzar una nueva vida, primero en Suiza, luego en Italia y ahora en Nueva York. No ha olvidado la forma dolorosa en que fue forzada al exilio ni las dificultades de ser atleta mujer bajo el régimen.
“En una palabra, fue humillante”, dijo. “Nos utilizaban como herramienta para encubrir sus crímenes”.
En una ocasión, cuenta, habló con Mehdi Taj, actual presidente de la federación de fútbol de Irán, por una preocupación sobre patrocinio, pero él parecía interesado en otra cosa.
“‘Olvídate del fútbol, olvídate de todo eso’”, recuerda que le dijo. “‘¿Qué planes tienes para esta noche?’ Los presidentes de todas las federaciones provienen del régimen y el deporte en Irán está bajo el control total de los políticos, así que todos los días enfrentábamos misoginia y discriminación. Yo siempre estaba luchando”.
Amini se mostró visiblemente afectada al describir el trato que a menudo tenía que soportar.
“Cada vez que entrabas en esa federación, estábamos preparadas para esas conversaciones sucias con ellos. Estoy temblando, perdón, estoy traumatizada. De verdad no quiero hablar de eso porque me hace sentir mucha rabia”, agregó.
Le preocupa la situación de sus amigos y familiares que siguen en Irán y admite que muchas veces teme revisar su teléfono por la mañana. Los atletas que fueron afectados por la reciente represión del régimen en enero le resultan cercanos: menciona a la campeona de natación de 15 años Arnika Dabbagh, quien fue asesinada a tiros durante las protestas masivas en el país, y al luchador Saleh Mohammadi, quien enfrenta una posible sentencia de muerte, presuntamente por matar a un policía. Grupos de derechos humanos en Irán aseguran que su confesión fue obtenida bajo tortura.
“Mi mayor preocupación ahora son los atletas en prisión”, dijo. “Más de 100 están encarcelados y enfrentan violación, tortura y también ejecución. En un país normal, a los atletas se les recibe con medallas y premios. En mi país, a los atletas se les recibe con balas”.
Amini habló recientemente ante las Naciones Unidas sobre el sufrimiento de muchas personas bajo el régimen y afirmó con firmeza que se niega a ceder ante la tiranía.
“Mientras estamos aquí hablando”, dijo a CNN, “no sé si mi familia está viva o no. No sé si el régimen los tiene como rehenes o no. Estoy muy preocupada por ellos, no sé qué hacer. Pero al mismo tiempo, no puedo quedarme en silencio. Quiero ser la voz de esas personas en Irán”.
Ella y otros deportistas han intentado antes captar la atención del mundo, trabajando con la periodista iraní exiliada y activista por los derechos de las mujeres Masih Alinejad. Esta vez, siente que la gente finalmente está escuchando. Ha pedido a Elon Musk que ayude a los iraníes a conectarse a internet y ha solicitado al Gobierno de Australia y al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que encuentren una forma de ayudar a las familias de las futbolistas a reunirse con sus hijas en el extranjero.
Amini sabe lo dolorosa que puede ser la separación forzada: su padre murió mientras ella estaba en Europa.
“Mi mayor sueño es regresar a Irán”, explicó, “y lo primero que quiero hacer es llevar un ramo de flores e ir a la tumba de mi papá para hablar con él”.
Amini se quebró al recordar la última conversación que tuvieron por FaceTime y explicó que intentó, sin éxito, sacarlo de Irán.
“Le dije: ‘Papá, lo intenté con todas mis fuerzas’”.
“Solo quiero pedirle perdón. Me siento muy culpable. Y esa culpa me está matando”.
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