La guerra con Irán podría beneficiar a Netanyahu en casa, pero perjudicar a Israel en el exterior
“Netanyahu es el gran líder guerrero de nuestra era”, titulaba este lunes el periódico británico Telegraph.
El artículo, escrito por el destacado periodista conservador y biógrafo de Margaret Thatcher, Charles Moore, enmarca al primer ministro israelí como una figura churchilliana, cuyo enfoque durante décadas en Irán, su alianza con el presidente Donald Trump y sus éxitos militares contra Hamas, Hezbollah y Teherán han transformado fundamentalmente el Medio Oriente.
La comparación probablemente deleitó al líder israelí más longevo, cuyos partidarios compartieron rápidamente el artículo en redes sociales.
Benjamin Netanyahu parece considerarse la encarnación moderna de Winston Churchill, erigiéndose como el baluarte internacional contra Irán, tal como el líder británico se opuso en su día a la Alemania nazi.
El éxito militar del acto de apertura de la actual guerra con Irán, que comenzó con la muerte del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, ha reforzado la confianza de los partidarios de Netanyahu mientras Israel se dirige hacia una elección a finales de este año.
Según una encuesta preliminar realizada esta semana por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) de Israel, el 81 % del público apoya los ataques contra Irán, mientras que el 63 % de los encuestados cree que la campaña debe continuar hasta la caída del régimen iraní.
El logo del Canal 12 de Noticias de Israel, frecuentemente crítico con Netanyahu, añadió el siguiente eslogan: “Juntos hasta el final”.
Líderes de la oposición, como los ex primeros ministros Yair Lapid y Naftali Bennett, adaptándose al sentir público, están a cargo de la labor de Netanyahu en el ámbito internacional.
Lapid escribió en una columna en “The Economist” esta semana: “En esta campaña militar, apoyo al Gobierno y la operación en Irán”.
Netanyahu ha presentado durante décadas a Irán como la principal amenaza existencial para Israel, configurando la política de seguridad de Israel, sus esfuerzos diplomáticos y el discurso público.
Desde los atentados del 7 de octubre de 2023 —el mayor fallo de seguridad en la historia de Israel—, que mancharon la imagen política personal de Netanyahu como “Señor Seguridad”, ha utilizado campañas militares para intentar reescribir su legado.
Encabezando la lista se encuentran la guerra de 12 días entre Israel e Irán en junio del año pasado y la operación actual. Fuentes cercanas a Netanyahu afirman que también son una de las piedras angulares de su estrategia de reelección.
La lógica política es directa: sus logros en el campo de batalla le permitirán hacer campaña con un historial de resultados y replantear el 7 de octubre como el primer capítulo de una transformación nacional y regional más amplia.
Una y otra vez, Netanyahu ha recordado su promesa del 8 de octubre de restaurar la disuasión de Israel y transformar Medio Oriente.
Desde entonces, Israel ha matado a casi todos los líderes de lo que Netanyahu llama el “Eje del Mal”, desde Yahya Sinwar e Ismail Haniyeh de Hamas hasta Hassan Nasrallah de Hezbollah y ahora Jamenei.
A pocas horas del ataque inicial contra Irán el sábado por la mañana, la Oficina del Primer Ministro denominó la campaña “Operación León Rugiente”.
Los observadores políticos interpretaron esta marca explícita como una señal del plan de Netanyahu de aprovechar el impulso de la guerra en las urnas y promover elecciones anticipadas para maximizar los dividendos electorales. (Las elecciones están programadas oficialmente para finales de octubre, pero Netanyahu podría decidir celebrarlas antes).
Y si Netanyahu dirige la campaña, Trump es la estrella que busca, según fuentes cercanas a Netanyahu.
El primer ministro ha agradecido al presidente de EE.UU. en casi todas sus declaraciones desde el inicio de la operación, elogiando la estrecha cooperación entre ambos países en la campaña militar.
Ya anunció su intención de entregarle a Trump el prestigioso Premio Israel el próximo mes, Día de la Independencia del país. Lo que no está claro es si Trump desea asistir.
Pero en marcado contraste con la popularidad de la guerra en Israel, la iniciativa militar conjunta es muy controvertida en Estados Unidos. Podría generar aún más polarización partidista sobre la postura de Israel, que ya se encuentra en crisis tras dos años de una guerra en Gaza impopular a nivel internacional.
Según una encuesta de CNN realizada poco después del inicio de los ataques contra Irán, casi 6 de cada 10 estadounidenses desaprueban la decisión de Estados Unidos. La división partidista es marcada: solo el 18 % de los votantes demócratas la aprueba, en comparación con el 77 % de los republicanos.
El lunes, el secretario de Estado Marco Rubio declaró a la prensa que Estados Unidos había lanzado la operación porque “sabíamos que se produciría una acción israelí” que precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses en la región por parte del régimen iraní.
La declaración, que se difundió rápidamente en los medios y las redes sociales, insinuó que Israel presionó a Estados Unidos para que atacara.
Rubio intentó aclarar sus comentarios 24 horas después, subrayando: “El presidente tomó una decisión”. El propio Trump negó que Israel lo obligara a realizar un ataque, declarando: “De hecho, podría haberlos obligado”.
El daño ya estaba hecho.
Una fuente israelí bien ubicada comnetó que los comentarios de Rubio causaron “serio daño”, alimentando el discurso ya acalorado en torno a la guerra con Irán dentro de los círculos demócratas y MAGA.
Una fuente israelí bien ubicada dijo que los comentarios de Rubio causaron “serio daño”, alimentando el discurso ya acalorado en torno a la guerra con Irán dentro de los círculos demócratas y MAGA.
“El mensaje estadounidense está creando confusión en términos de lo que realmente sucedió sobre las razones de la guerra, y se suma a la conversación que se está dando en Estados Unidos sobre si esta es una guerra de absoluta necesidad o algo que estamos haciendo por nuestro aliado”, ddeclaró a CNN Jeremy Issacharoff, exvicedirector general y jefe de asuntos estratégicos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel.
“Siempre es perjudicial para Israel involucrarse en un debate bipartidista”, señaló Issacharoff, ahora investigador principal del Instituto de Política y Estrategia de la Universidad Reichman. “Luego está la situación en Estados Unidos: de repente, la gente paga US$ 3,12 por galón de gasolina, la bolsa baja, los precios del petróleo suben, y la gente empieza a preguntarse: ¿de verdad necesitamos esto?”.
Netanyahu tiene un largo historial de instar a Estados Unidos a declarar la guerra en Medio Oriente.
En 2002, presionó abiertamente para que Estados Unidos declarara la guerra a Iraq y derrocara el régimen de Saddam Hussein. Posteriormente, libró una campaña de alto perfil contra el acuerdo nuclear con Irán de 2015.
Ahora, posicionado como el artífice de una segunda guerra con Irán, corre el riesgo de ser visto como el principal impulsor de un conflicto que amplios sectores del electorado estadounidense, tanto demócrata como republicano, no deseaban.
Pero ahora que la guerra ya ha comenzado, en algún momento debe llegar a su fin, si se quiere creer tanto a Netanyahu como a Trump que esta no es otra “guerra eterna”.
La guerra de 12 días de junio finalizó con la orden de Trump a Israel de retirar sus aviones de combate para evitar otro ataque contra Irán.
Netanyahu declaró el primer día de la operación actual que su objetivo es “eliminar la amenaza existencial que el régimen de los ayatolás en Irán representa para Israel”. Si Trump decide que ha alcanzado la victoria antes de que Israel haya logrado todos sus objetivos, esta podría terminar de la misma manera.
¿Adónde nos lleva esto? ¿Cuál es la salida? ¿Cuál es el objetivo? ¿Cómo afectará esto a la situación sobre el terreno en Irán, en cuanto a fomentar un cambio de régimen?, preguntó Issacharoff. Si no se concretan todos estos factores, los estadounidenses empezarán a preguntarse: “¿Por qué nos metimos en esto?”, y estoy bastante seguro de que habrá quienes estarán encantados de echarle la culpa a Israel.
Si bien Netanyahu puede gozar de un amplio apoyo interno tras el ataque a Irán, su estrecha relación con Trump y el esfuerzo bélico conjunto podrían socavar uno de los activos estratégicos más fuertes de Israel: el apoyo bipartidista que ha tenido durante décadas.
Las campañas militares y electorales de Netanyahu podrían asegurar su futuro político a corto plazo en el país, al tiempo que amenazan con generar mayores tensiones en la alianza más vital de Israel en el exterior.
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