Trump deliberó sobre Irán durante semanas. Ahora reconoce que la operación podría costar vidas estadounidenses
El anuncio del presidente Donald Trump de una campaña militar estadounidense “masiva y continua” contra Irán —y su llamado explícito a los ciudadanos del país para que se liberen de su liderazgo opresor— puso de manifiesto su renovado apetito por el riesgo geopolítico y empujó a su presidencia a un período más profundo de incertidumbre.
“Las fuerzas de Estados Unidos están llevando a cabo una operación masiva y continua para evitar que esta dictadura tan perversa y radical amenace a Estados Unidos y nuestros intereses fundamentales de seguridad nacional”, dijo sobre Irán en un video publicado en Truth Social temprano el sábado, en el que reconoció claramente que podrían perderse vidas estadounidenses en la operación.
La grabación de ocho minutos expuso tanto los objetivos del presidente en Irán —que no habían sido claros— como las posibles consecuencias nefastas. Trump parece tener la esperanza de que su importante operación aérea pueda lograr un cambio en el régimen iraní, a pesar de la gran incertidumbre sobre qué podría reemplazarlo y los escasos ejemplos históricos de casos en que el uso del poder aéreo haya logrado por sí solo derrocar al líder de un país.
“Rechazaron cada oportunidad de renunciar a sus ambiciones nucleares y no podemos soportarlo más”, dijo Trump, quien, según un funcionario estadounidense continúa monitoreando los ataques desde Mar-a-Lago.
El presidente tomó su decisión tras semanas de deliberación y un intento de sus enviados por alcanzar un acuerdo diplomático rápido que habría obligado a Irán a abandonar las líneas rojas que mantenía desde hacía tiempo. Las fuerzas estadounidenses planean varios días de ataques, según informaron dos fuentes a CNN.
Trump nunca expuso públicamente sus argumentos a favor de la guerra, ni siquiera durante su discurso sobre el Estado de la Unión el martes, a pesar de que los ataques eran una medida políticamente peligrosa en el país, especialmente para un presidente que hizo campaña con la premisa de poner fin al involucramiento de Estados Unidos en conflictos en el extranjero. El sábado Trump señaló el posible costo en vidas estadounidenses.
“El régimen iraní busca matar. Puede que se pierdan las vidas de valientes héroes estadounidenses y que haya bajas —eso suele ocurrir en la guerra—, pero no lo hacemos por el ahora. Lo hacemos por el futuro, y es una noble misión”, declaró el presidente, añadiendo que Estados Unidos había “tomado todas las medidas posibles para minimizar el riesgo para el personal estadounidense en la región”.
Para muchos aliados de Trump, la acción militar parecía inevitable desde hacía tiempo. Tras anunciar a los manifestantes iraníes a principios de año que los apoyaría, advirtiendo que Estados Unidos estaba “listo para atacar”, se sintió obligado a imponer su línea roja.
“Cuando terminemos, tomen el control de su Gobierno. Será suyo para que lo tomen. Esta será probablemente su única oportunidad durante generaciones”, dijo Trump al pueblo iraní en su video.
“Durante muchos años han pedido la ayuda de Estados Unidos, pero nunca la han recibido. Ningún presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche. Ahora tienen un presidente que les da lo que quieren, así que veamos cómo responden”, agregó.
Las motivaciones de Trump para su segunda serie de ataques contra Irán desde su regreso al cargo —expresadas principalmente en declaraciones públicas breves y distendidas— parecieron cambiar con el tiempo, pasando de proteger a los manifestantes a frenar las ambiciones nucleares de Irán y finalmente derrocar al régimen iraní. También mencionó el arsenal de misiles de Irán y el apoyo desestabilizador a grupos regionales aliados, como Hezbollah y Hamas.
Queda por ver cómo la última acción militar de Estados Unidos e Israel contribuirá a la totalidad o a parte de esos objetivos.
Tras bambalinas, antes de los ataques los funcionarios debatían un conjunto de opciones imperfectas que no alcanzaban para una misión decisiva como la que Trump ordenó en enero para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en Caracas. La inteligencia estadounidense no tiene certeza sobre quién reemplazaría a los altos líderes iraníes si fueran derrocados.
Oficiales militares también han advertido al presidente sobre los graves riesgos de represalias. Miles de soldados estadounidenses estacionadas en Medio Oriente podrían ser ahora objetivos de Irán, que está ejecutando las represalias prometidas.
Durante las intensas reuniones en las últimas semanas, Trump y otros funcionarios bombardearon a los altos mandos del Pentágono, incluido el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, con preguntas sobre las probabilidades de éxito de cada opción. Las respuestas fueron a menudo inconcluyentes, incluso mientras Trump ordenaba un aumento masivo de tropas en Medio Oriente.
En sus vagos comentarios públicos previos a los ataques, Trump hizo declaraciones que no estaban respaldadas por la inteligencia estadounidense, incluyendo que Irán pronto tendría un misil capaz de alcanzar a Estados Unidos.
“Deberían llegar a un acuerdo, pero no quieren ir lo suficientemente lejos”, dijo el viernes desde Texas. “No quieren decir las palabras clave: ‘No vamos a tener un arma nuclear’”.
Sin embargo, si las palabras de Irán fueran el único obstáculo para evitar el conflicto, ya se hubiera superado. El país ha afirmado repetidamente que no busca armas nucleares, incluso esta semana.
Hay muchas razones para cuestionar esa afirmación, incluido el enriquecimiento previo de uranio por parte de Irán hasta alcanzar un grado cercano al de las armas nucleares. Pero el énfasis de Trump en las palabras del país solo pareció generar más preguntas sobre qué buscaba exactamente en un acuerdo con los líderes del país.
Trump permitió que la diplomacia continuara, a pesar de las advertencias de algunos altos funcionarios sobre la notoria dificultad de negociar con Irán. Algunos cuestionaron si el líder supremo de Irán, quien tiene la última palabra, aceptaría alguno de los términos de Trump, incluso si sus funcionarios parecían más dispuestos a negociar.
Muchos allegados a Trump lo animaron a buscar un acuerdo. Sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes participaron en tres rondas de conversaciones indirectas con los iraníes, iniciaron las conversaciones con cautelosas esperanzas de éxito.
Pero otros fueron menos alentadores. El senador republicano Lindsey Graham se burló públicamente de algunas supuestas concesiones ofrecidas por los iraníes. Y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en una visita urgente a Washington este mes, afirmó que era improbable que hubiera un momento más oportuno para atacar a Irán.
En todo momento, Trump se había mostrado receloso ante su entorno de llevar al país a la guerra, prefiriendo con mucho una solución diplomática que pudiera presentar como más sólida que el acuerdo nuclear de la era Obama del que se retiró. Pero estaba impaciente por un acuerdo y había establcido plazos cortos que no le permitieron obtener las concesiones que buscaba de Teherán.
Al ordenar los ataques, Trump superó ciertas dudas sobre el lanzamiento de una operación que, según advirtieron sus asesores militares, podría tener un resultado incierto y provocar una represalia descomunal por parte de Teherán.
Y la nueva operación —que sigue a los ataques limitados de Estados Unidos contra las instalaciones nucleares de Irán el pasado junio— supone un riesgo político significativo para un presidente cuya base se ha opuesto a las guerras en el extranjero. En total, Trump ha utilizado las fuerzas estadounidenses para atacar instalaciones en más de media docena de países durante su segundo mandato. No está claro cuánto durará esta operación ni cuánto costará, ni en términos económicos ni de vidas.
En una entrevista esta semana, el vicepresidente J.D. Vance, que anteriormente había advertido sobre el envío de tropas estadounidenses a situaciones de peligro con propósitos inciertos, sugirió que cualquier operación en Irán no resultaría en un conflicto prolongado similar a las guerras en Iraq o Afganistán.
“Creo que debemos evitar repetir los errores del pasado. También creo que debemos evitar aprender demasiado de las lecciones del pasado”, declaró al Washington Post. “El hecho de que un presidente haya arruinado un conflicto militar no significa que no podamos volver a involucrarnos en él. Debemos ser cautelosos, pero creo que el presidente lo está siendo”.
Trump reconoció el riesgo de un conflicto prolongado en su propia evaluación del viernes. “Supongo que se podría decir que siempre hay un riesgo. Ya sabes, cuando hay guerra, todo tiene un riesgo, tanto bueno como malo”.
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